La sonrisa del delfín

18 10 2010

Dentro de la conservación de la biodiversidad, y de la fauna amenazada en concreto, hay determinadas especies o familias de especies a veces llamadas “especies icono” que, por razones culturales, resultan más carismáticas que otras y por ello son empleadas como reclamo de la atención de la gente hacia el problema de la extinción de un número mucho mayor de especies. Como resulta evidente, es muy complicado lograr que la gente se interese por la desaparición de especies como la Lagartija de San Guillermo o el Pez Napoleón; en cambio, un lince o un oso panda…

El famoso Pez Napoleón

Otros animales, además de lo anterior, reúnen ciertas características que son moralmente relevantes. Estas características, como su compleja vida emocional, estrechos lazos familiares y sociales, y conciencia de sí mismos, tienen un peso moral importante, no porque muchos humanos también las posean, sino porque son moralmente relevantes por sí mismas. Si bien esto puede hacer pensar que supone dejar al resto de animales de lado, más bien creo que se debe considerar un inicio, un grupo en el que enfocar los esfuerzos para maximizar las posibilidades de éxito.

Dentro de este último grupo se encuentran los delfines, a los que recientes estudios ponen inmediatamente por debajo del homo sapiens en inteligencia. Además de ello, los estudios muestran cómo los delfines tienen personalidades distintas, un fuerte sentido de sí mismos y pueden pensar en el futuro. Además son de los animales con mayor capacidad para sentir empatía por sus congéneres junto con humanos, simios y elefantes.

También ha quedado claro que son animales “culturales”, lo que significa que nuevos tipos de comportamientos pueden ser rápidamente aprendidos por un delfín de otro. En otro estudio, se encontró que los animales en cautiverio también tienen la capacidad de aprender un lenguaje rudimentario basado en símbolos y se ha demostrado que pueden resolver problemas difíciles, mientras que los delfines que viven en estado silvestre cooperan en formas que implican estructuras sociales complejas y un alto nivel de sofisticación emocional.

Los delfines han estado siempre estrechamente ligados al ser humano, ya sea en la mitología, en forma de historias o leyendas sobre salvamentos marítimos, o como divertimento en los parques acuáticos donde parecen divertirse realizando todo tipo de piruetas con aros y balones de playa. De esto último es de donde viene el problema.

"La sonrisa del delfín es la mayor farsa de la naturaleza. Nos hace creer que son felices en cautividad"

Todo este rollo viene a cuento de un documental que vi el otro día sobre la matanza anual de 23.000 delfines en una cala de Taiji (Japón). Los delfines son interceptados en sus rutas migratorias y dirigidos hacia esta cala donde, acorralados, esperan a que personal de parques acuáticos de todo el mundo elija a los más adecuados para el adiestramiento. Una vez se ha seleccionado a los “afortunados”, el resto del grupo -machos, hembras y crías- es conducido hacia una ensenada donde un grupo de pescadores locales los arponea hasta la muerte, mientras el agua se tiñe de rojo. La carne de estos delfines es vendida en Japón, incluso regalada, a pesar de su alto contenido en mercurio, sin que la mayor parte de la población sepa qué está comiendo y cómo se ha obtenido.

El documental se llama The Cove y ganó el Oscar al Mejor Documental en 2010, así como el Premio de la Audiencia en el festival de Sundance de 2009. Cuenta el viaje del ex entrenador de delfines Ric O’Barry para conseguir filmar esta matanza y las dificultades que encuentra para ello, ya que todo el perímetro de la cala se encuentra fuertemente protegido y voluntarios locales se encargan de disuadir a cualquier persona que quiera filmar lo que allí ocurre. Para ello, Ric O´Barry, al más puro estilo Ocean´s Eleven, junta un equipo de voluntarios y expertos en distintas materias para, ayudados por el uso de moderna tecnología, conseguir penetrar en la cala sin ser vistos y grabar por primera vez lo que allí acontece.

Ric O´Barry se dio a conocer en la década de 1960 por capturar y entrenar a cinco delfines hembra que fueron usadas para la famosa serie de televisión Flipper. Poco después de que uno de sus delfines (Cathy) se suicidara en sus brazos dejando de respirar, O’Barry cambió entrenar a delfines en cautividad por combatir firmemente contra la cautividad de estos animales.

Rick O´barry con Cathy, una de los delfines de Flipper

El documental merece muchísimo la pena, no solo por el tema que entiendo que pueda ser desagradable o dar pereza a algunas personas, sino también por su ritmo, más propio de un thriller que de un documental. Estoy seguro de que si lo veis, os gustará. Aquí tenéis el trailer:

¿Y qué se puede hacer? De momento, en esta página se puede enviar una petición a líderes de Japón y EE.UU. que ya ha firmado un millón de personas en todo el mundo. Pero, sobre todo, no financies este tipo de espectáculos.

“Por ejemplo, en el planeta Tierra, los hombres siempre habían asumido que eran más inteligentes que los delfines por haber conseguido tanto -la rueda, Nueva York, las guerras y todo eso- mientras que todo lo que los delfines habían hecho jamás era retozar en el agua pasándoselo estupendamente. Pero al mismo tiempo, los delfines siempre habían creído ser mucho más inteligentes que los hombres precisamente por las mismas razones.”
La guía del autoestopista galáctico







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